Desde las primeras horas de este miércoles, entró en vigencia el acuerdo de alto el fuego entre Israel y la organización Hezbollah en territorio libanés. El pacto, mediado principalmente por Estados Unidos y Francia, establece una hoja de ruta de 60 días para lograr un cese de violencia duradero y permitir el regreso de miles de desplazados a sus hogares en ambos lados de la frontera.
El acuerdo estipula que, durante este periodo de transición, las fuerzas militares de Israel deberán retirarse de forma escalonada del sur del Líbano. En su lugar, será el Ejército libanés la única fuerza armada autorizada para patrullar la zona al sur del río Litani, con el objetivo de garantizar que Hezbollah no reanude sus operaciones militares en la frontera.
A pesar de la entrada en vigor de la tregua, el clima en la región sigue siendo de una tensa calma. Las autoridades de ambos países han advertido que se reservan el derecho a actuar ante cualquier violación del pacto. Mientras tanto, las comunidades afectadas comienzan a evaluar los daños de una guerra que ha dejado miles de víctimas y una infraestructura devastada.
La comunidad internacional ha celebrado este paso como una oportunidad crucial para evitar una guerra regional a gran escala, aunque persisten las dudas sobre la capacidad de los mecanismos de monitoreo para asegurar que el alto el fuego se mantenga firme más allá de los plazos establecidos.

