De la Sota rompe filas con Llaryora y proyecta una alternativa nacional “post Milei”

La diputada nacional Natalia de la Sota profundiza su distanciamiento del gobernador cordobés al rechazar el alineamiento con el Gobierno nacional. Con una estrategia a dos bandas, busca condicionar el armado provincial mientras tiende puentes con el peronismo nacional.

La interna del peronismo cordobés ha entrado en una fase de máxima tensión. Natalia de la Sota, referente del espacio que fundara su padre, ha decidido llevar la confrontación con Martín Llaryora a un nuevo nivel, marcando una distancia crítica respecto a la estrategia de gobernabilidad y cercanía que el Ejecutivo provincial mantiene con la gestión de Javier Milei.

La jugada de la legisladora no es solo un gesto de rebeldía interna, sino una apuesta estratégica de largo plazo. De la Sota sostiene que el “modelo Córdoba” no debe ser una moneda de cambio para las políticas de ajuste nacional y critica abiertamente lo que considera una “entrega de facultades” al gobierno central. Su objetivo es claro: posicionarse como la cara visible de un peronismo federal que resista la narrativa libertaria, preparándose para lo que ella denomina el escenario “post Milei”.

En el plano local, la diputada busca aglutinar a los sectores del peronismo cordobés que se sienten incómodos con el giro actual de la gobernación, intentando condicionar las listas y el programa de cara a los próximos turnos electorales. En el plano nacional, su figura crece como una interlocutora válida para el PJ bonaerense y otros gobernadores del interior que buscan reconstruir una alternativa de centro-izquierda.

Desde el entorno de Llaryora, el movimiento es visto con cautela pero también con firmeza, habiendo intentado en diversas ocasiones —sin éxito— integrar a la diputada a la estructura de “Hacemos Unidos por Córdoba” bajo las condiciones del oficialismo provincial. Mientras el gobernador apuesta por un equilibrio pragmático, De la Sota elige el camino de la identidad ideológica, planteando que el peronismo debe recuperar su rol como principal opositor y garante de los derechos sociales.

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