El Partido Justicialista de Mendoza atraviesa una de sus crisis internas más profundas de los últimos años tras confirmarse una fractura en su estructura legislativa y partidaria. La ruptura se formalizó a partir de diferencias irreconciliables entre el peronismo vinculado a los intendentes territoriales y sectores federales frente a la conducción ejercida por La Cámpora, abriendo un escenario de incertidumbre de cara a los próximos desafíos electorales.
El foco del conflicto radica en la disputa por la estrategia de oposición frente al gobierno provincial y la alineación con la conducción nacional del partido. Mientras que el ala federal reclama una renovación que priorice las demandas locales y una construcción más amplia, el sector kirchnerista defiende la verticalidad y las banderas históricas de su espacio. Esta división ya se tradujo en la conformación de bloques separados en la Legislatura provincial, lo que debilita la capacidad de negociación del peronismo mendocino.
Referentes de ambos sectores han cruzado acusaciones sobre la responsabilidad del “vaciamiento” partidario y la falta de diálogo interno. La fragmentación en Mendoza no es un hecho aislado, sino que refleja la tensión nacional que atraviesa el PJ, donde la convivencia entre el peronismo tradicional de las provincias y las agrupaciones ligadas al Instituto Patria se vuelve cada vez más compleja.

